Benemérito de la instrucción pública
Por: Graciela Cruz Hernández
El día 24 de noviembre de 1798, nació en México, Juan de Dios Rodríguez Puebla, hijo de José Simón y María Gertrudis, indios muy pobres económicamente, pero ricos en honradez y virtud. El protector de Juan Rodríguez, fue Cristóbal Rodríguez de quien se dice tomó el apellido.
Rodríguez Puebla, cursó estudios de Latinidad en el colegio de San Gregorio y pasó después al de San Ildefonso a estudiar Filosofía, en la cátedra del señor Icaza. Por su gran aplicación, como premio le fue concedida en San Idelfonso una beca de las llamadas Reales, y gracias a ella pudo seguir el estudio de Teología, ocupando en la cátedra el primer lugar.

Antiguo Colegio de San Ildefonso
Al mismo tiempo en lo particular siguió aprendiendo el Derecho Civil, llamando la atención en San Ildefonso por sus asombrosos adelantos. En ese entonces se obligó a los pasantes de San Ildefonso a vestir hábitos clericales y Rodríguez Puebla los vistió también. Una vez que terminó los estudios teóricos de la facultad, emprendió su práctica en el bufet del Lic. José María Jáuregui, quien fuera notable por su ciencia y honradez.
Se lee en una de sus biografías, que cuando Juan Rodríguez Puebla entró al colegio de San Gregorio, era tan pobre que lo hizo vestido con una sencilla indumentaria y tanto él como su hermano don Francisco, que llegó a ser doctor, recibieron el apodo de aguadores, pues ese era el trabajo que su padre realizaba. Él mismo lavaba su ropa y cuando estudiaba en San Ildefonso lo hacía con libros prestados.
De externo, estudió el curso de Artes y lo concluyó en enero de 1814. Tres años después terminó el estudio de Teología, y más tarde el de la jurisprudencia, recibiéndose de abogado en 1824.
En 1820 publicó un opúsculo intitulado «El indio constitucional». Parte de ese opúsculo es lo siguiente:
¡Esta es vuestra suerte, indios infelices! La tiranía os ha educado en las tinieblas de la ignorancia para ocultaros lo deplorable de vuestra situación; os ha despojado de los derechos que os concedió la naturaleza; os unció al formidable carro del despotismo; y aún quiso degradaros de ser hombres, con tanto empeño, que un Romano Pontífice se vio necesitado a declarar que erais racionales, ¡Amargas lágrimas se desprenden de mis ojos al recordar opresión tan inaudita! Qué, ¿vosotros no sois formados de la misma masa que el resto de los demás hombres? ¡Infelices! El despotismo de vuestros opresores no quedó satisfecho con trataros peor que a los brutos, deseaba despojaros del entendimiento, de esa potencia la más noble de todas las que os dio el Autor de la naturaleza En vano la bondad de nuestros reyes ha expedido a favor vuestro repetidos decretos; pues la arbitrariedad ha sabido inutilizarlos, cerraros las puertas a todo empleo de alguna distinción, y ha conseguido que el nombre del Indio se viera como de oprobio y de ignominia. Reflexionad y conoceréis que lo que os digo no es más que un bosquejo de vuestro miserable estado: confesaréis que hasta la época presente parece que sólo habíais nacido para servir, callar y obedecer.
En él, denuncia la tiranía y opresión a que su pueblo se vio sometido después de la conquista, pero a la vez reconoce la bondad de los reyes y el favor de sus decretos dirigidos a su pueblo, los cuales arbitrariamente no fueron cumplidos.
Juan Rodríguez Puebla, tomó el nombre de Cuautli (águila) para darse a conocer entre sus compañeros de colegio.
Aún no tenía Juan Rodríguez Puebla la edad prevista por la Ley, cuando en 1824 fue electo diputado, eso nos habla de sus grandes capacidades que le fueron reconocidas desde entonces. En 1826 figuró de Ministro de la segunda sala del Supremo Tribunal de Justicia de Durango, y fue nombrado senador por el Estado de México. En los años de 1833, 42 y 48 fue diputado; senador en 1844 Y en el de 1838 formó parte del famoso Ministerio de los tres días, encargándose de la Corte de Justicia. En todos los puestos y cargos que desempeñó lo hizo con pundonor, modestia y vivo patriotismo.
La Instrucción pública en México es deudora a Juan Rodríguez Puebla de positivos y eminente servicios, pues al morir en 1828 el padre Juan Francisco Calzada, que era el rector del Colegio de San Gregorio, Juan Rodríguez Puebla lo sustituyó, estableciendo estudios de filosofía, teología, derecho, medicina teórica, gramática latina y española, favoreciendo la enseñanza experimental y científica elevando el establecimiento en los 19 años que lo tuvo bajo su dirección de tal manera, que en aquellos años el Colegio llegó a ser uno de los primeros, y para muchos el principal, de los de la República.
A continuación algunos párrafos de un escrito publicado en 1863 acerca de Juan Rodríguez Puebla, por una persona que lo trató personalmente:
«A Don Juan debió San Gregorio se agregase los bienes del hospital llamado de Naturales, por decreto del 11 de octubre de 1824, para sostener, de gracia o como becas, dos indígenas de cada Estado; a don Juan se debió el arreglo de todos los fondos del Colegio; a don Juan se debió fuera cedido a San Gregorio en propiedad definitiva, por decreto del 21 de octubre de 1843, el antes llamado colegio de San Pedro y San Pablo; a don Juan se debió la rica y escogida biblioteca reunida o formada con los libros seguidos por los señores Torres Torija, don Pablo de la Llave, Soriano, Fonseca, Olaguíbel, Pedraza, Otero, Trigueros, Ramírez, Parra, Baranda y otros. A don Juan se debió ese aseo, esa educación que, por sus maneras tan cultas, distinguía y recomendaba en la sociedad a todo gregoriano; a don Juan se debió ese orden, esa disciplina estricta que reinaba en el Colegio, esa vigilancia a toda hora, y esa educación moral y cristiana de que él mismo daba ejemplo a sus alumnos, pues supo armonizar la idea católica con los principios liberales.
«¡Qué de veces se le vio arengando a sus alumnos durante el asedio de la capital por los norteamericanos, para que supiesen defender la patria, cuantas ocasiones le admiramos rodeado como un oráculo de grandes políticos que esperaban de sus labios las más difíciles soluciones parlamentarias! ¡Ah! don Juan estuvo siempre a la altura de los adelantos y de las exigencias del siglo; y si se hubieran escuchado sus indicaciones, si se hubiera puesto en práctica su gran pensamiento de sacar de la barbarie a esas numerosas tribus de nuestra frontera, a esos desgraciados hermanos nuestros, tendríamos una barrera inexpugnable contra toda invasión del Norte, y no habría necesidad tampoco de la inmigración extranjera.»
Falleció en la Ciudad de México el día 31 de octubre de 1848, quizá contribuyó a tan sensible pérdida, afectando su corazón, la muerte de su querida madre y el haber visto consumada la invasión norteamericana.
Murió Juan Rodríguez Puebla sin haber logrado el punto de elevación del colegio de San Gregorio que él se había propuesto, pero mucho logró hacer por esa Institución en la que se formaron un sinnúmero de ciudadanos que honraron con sus acciones nuestra patria mexicana.
Juan de Dios Rodríguez Puebla, aun cuando se reconoció como liberal, fue un hombre que supo aportar sus servicios al bien de la patria, fue un distinguido abogado, maestro y benemérito de la instrucción pública, y en su honor varias escuelas del país llevan su nombre.
Fuentes:
https://cdigital.dgb.uanl.mx/la/1080017329/1080017329_092.pdf
https://biblioweb.tic.unam.mx/diccionario/htm/biografias/bio_r/rodriguez_depue.htm
https://archivos.juridicas.unam.mx/www/bjv/libros/7/3100/28.pdf (María Eugenia Xilonetl Flores Rodríguez)